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domingo, 4 de noviembre de 2012

Las corrientes historiográficas argentinas

Del modo como relato la historia....


Esta nueva entrada tiene que ver con la influencia que tienen las corrientes historiográficas sobre los discursos de época...y cómo esos discursos se hacen presentes en los demás discursos que construyen una sociedad.

Los relatos y narrativas que construyamos en nuestras producciones en cierta manera tendrán que ver con la influencia que sostengamos desde las lecturas realizadas...

 Las corrientes historiográficas argentinas se pueden clasificar en:
- Historiografía decimonónica - liberal – mitrista que originó la Nueva escuela histórica
- Revisionismo, en el que se identifican distintas etapas e ideologías
     . rosista 1930/1945
     . forjista antes de 1945
     . enfrentamientos peronistas- antiperonistas 1945/ 1955
     . peronista 1955/1976
     . de la izquierda nacional desde fines de los ’60
- Historia social

Características:
- La Historiografía decimonónica que originó la Historia Oficial.
La historiografía argentina comienza en la 2da mitad del siglo XIX con un grupo de intelectuales que socializaron su obra historiográfica en redes personales y circuitos político- culturales de la élite:

Los relatos fundacionales fueron la Historia de Belgrano (1859) y de San Martín(1877) escritos por Bartolomé Mitre y la Historia de la Rca Argentina escrita por Vicente Fidel López. Ambos polemizaban sobre el modo de abordar la historia y de esas polémicas triunfó la posición de Mitre a tal punto que los siguientes historiadores se adscribieron a su línea.

Los textos historiográficos del siglo XIX se caracterizan por:
-La minuciosidad extrema en detalles fácticos, la búsqueda de respaldo en los detalles.
-La crítica sistemática con el objetivo de adquirir autoridad intelectual desacreditando al oponente para construir su propia legitimidad como historiadores.
-El discurso histórico narrativista, acontecimental.
-La discusión metodológica entre Mitre y López (1881/83) y Groussac (1897/1916), terminó funcionando como un esquema de ajuste del conocimiento histórico a partir del cual comenzaron a identificarse criterios de construcción del discurso sobre el pasado:
1-Documentos (pruebas materiales de una narración).
2-Perfectibilidad y provisionalidad del texto historiográfico.
3-Crítica hermenéutica (previa) del documento; fijar criterios de crítica documental y de selección de fuentes.
Ellos crearon la Historia Oficial, la que siempre nos contaron y nos enseñaron, la que escribieron los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX: oligárquica, porteñista, liberal en lo económico, conservadora en lo político, anticriolla, la historia de aquellos cuyo proyecto de país estaba resumido en el dilema sarmientino CIVILIZACIÓN (lo europeísta- porteño) o BARBARIE (lo criollo- provinciano).
Para ellos civilizar fue desnacionalizar: sustituir a los habitantes criollos, gauchos, indios y mulatos que no servían para su proyecto “civilizador” por inmigrantes europeos; descalificar lo autóctono y admirar lo extranjero; no se trataba de hacer un país para las grandes mayorías sino para los poderosos; se estableció así una condición esencial de la dependencia argentina de intereses ajenos a los nacionales en complicidad con la dirigencia económica y política.
Otros historiadores de fines del siglo XIX y principios del XX: José María Ramos Mejía, Juan Alvarez, Juan Agustín García, Joaquín V. Gonzalez, y dos autores que no generaron una tradición histórica pero que son considerados precursores del revisionismo: Adolfo Saldías y Ernesto Quesada (ambos investigaron y escribieron sobre Rosas y su tiempo (1883 y 1898).

Nueva Escuela Histórica: Proceso de profesionalización a principios del siglo XX.
La profesionalización de la tarea de los historiadores en Argentina se inició a principios del siglo XX, con un grupo heterogéneo de historiadores a quienes (en 1916 Juan Agustín García) se denominó “Nueva Escuela Histórica”.
Entre ellos se encontraban: Luis María Torres, Emilio Ravignani, Diego Luis Molinari, Rómulo Carbia, Ricardo Levene, Narciso Binayán.
No tenían formación profesional específica (con excepción de Carbia), pero fueron los creadores de la historiografía profesional en la Argentina. Para ello crearon espacios institucionales: la Sección de Investigaciones Históricas creada en 1905 en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA (Ravignani fue su director a partir de 1920) se convirtió en Instituto en 1921; y La Junta de Historia y Numismática Americana creada en 1893 (Mitre fue su 1º presidente, y Levene desde 1927) se convirtió en Academia Nacional de la Historia en 1938, publican la Historia de la Nación Argentina en 10 tomos de los que abrevaron los manuales escolares.
Había una clara articulación entre prácticas hitoriográficas y política: la Academia nucleaba a los conservadores y el Instituto a los radicales.
Fomentaron la formación de historiadores con la apertura de profesorados.
Sostuvieron publicaciones que adjudicaron a la historia un carácter científico y un lugar importante en la formación de la conciencia nacional.
Competían por obtener la hegemonía, pero tuvieron en común la forma de entender el oficio de historiador, sentaron las bases de las reglas del oficio con la búsqueda de documentos y el uso sistemático del método de la crítica documental. Y el contenido de su obra fue la Historia Oficial convertida en historia política.
- Contra esa versión surgió el Revisionismo histórico
Buscando sus características distintivas, Alejandro Cattaruzza considera que los revisionistas son un grupo de intelectuales que intervienen en el encuentro entre cultura (en la que incluye a las instituciones historiográficas) y política, sin posicionamientos uniformes. Desarrollaban sus actividades en función de “cambiar la versión dominante del pasado argentino por otra, más verdadera y más adecuada a los intereses nacionales”.

Identifica etapas:
• en los años ’30 el revisionismo rosista, en 1938 fundan el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas y publican revistas y el boletín del instituto. Sus representantes son Julio y Rodolfo Irazusta, Carlos Ibarguren, Ernesto Palacio, Manuel Gálvez.
• entre 1945 y 1955 el peronismo provocó conflictos internos, y las aguas se dividieron en peronistas y antiperonistas.
• entre 1955 y 1973 el revisionismo peronista, en 1957 Perón publica “Los vendepatria” y adhiere al revisionismo. Y el revisionismo se peroniza. Sus representantes son Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos, Manuel Gálvez, Fermín Chávez, José María Rosa, Juan José Hernández Arregui, Ortega Peña.
• Desde fines de los ’60 y principios de los ‘70 el revisionismo socialista que recibe aportes de la izquierda nacional integrando la perspectiva marxista al revisionismo (con Jorge Abelardo Ramos, Rodolfo Puiggrós, Norberto Galasso y Eduardo Astesano). Es la época de gloria del revisionismo, se enseña en las universidades; esta etapa termina en 1976 con el golpe de Estado.
• Pacho O’Donnell dice que asistimos a un nuevo empuje del revisionismo al que algunos llaman neo-revisionismo a partir de la crisis del 2001, que despertó en muchos el interés de comprender el presente a partir de una historia nacional, popular, que no deforme ni retacee. Se encuentra en este grupo, junto a Eduardo Luis Duhalde, Hugo Chumbita, Daniel Balmaceda.
Los representantes de cada etapa figuran a modo ilustrativo, ya que varios pueden clasificarse en más de una de ellas.
En síntesis, desde sus inicios pueden detectarse un “revisionismo de derecha” y un “revisionismo de izquierda”, el primero pone el énfasis en el Rosas del orden, defensor de la soberanía; el segundo en la igualdad de clases, el nacionalismo, el sufragio, características que en opinión de José María Rosa hacían que “el gobierno de Rosas pueda llamarse socialista”.
J.J. Hernández Arregui en su “Imperialismo y Cultura” dio una nómina de revisionistas señalando que a “algunos no les gusta verse en la misma lista”: Scalabrini Ortiz, Jauretche, Doll, Cooke, los hermanos Irazusta, Ibarguren, Palacio, Castellani, José María Rosa, Puiggros, Astesano, Ugarte, Spilimbergo, Ramos.
Para los claustros de la universidad, es decir para los historiadores de la Historia Social, el revisionismo “es más un objeto de estudio que un interlocutor”.

Rasgos que permiten identificar una versión revisionista:
Jorge Oscar Sulé, académico de número del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, afirma que se está en el Revisionismo Histórico cuando se han detectado tres factores:
1) El factor externo proyectándose sobre nuestro país y no con fines benéficos.
2) El pueblo que defiende el patrimonio nacional espiritual y material; encontrando los jefes que lo interpretan.
3) Minorías con poder económico, político, cultural y social que juegan de espaldas a los intereses argentinos.
Los historiadores pueden poner el acento en uno u otro factor, pero, siempre que adviertan los tres mencionados, ya están en el Revisionismo Histórico, aunque esto no implica un mismo comportamiento político.
El Revisionismo está acusado de tener fines políticos -pero los que lo acusan también los tienen- y de no haber hecho aportes metodológicos a la historiografía. Su principal aporte es la CRÍTICA HISTÓRICA, válida para la obra de cualquier corriente historiográfica, porque lo que develó el revisionismo es que la Historia Liberal implementó una Política de la Historia que no se limitó a una interpretación del pasado sino a educar a las nuevas generaciones con esa interpretación como verdad absoluta, y para ello se volcó a los manuales escolares, a efemérides, a nombres de pueblos, calles, plazas. Creó un modelo para pensar(nos) favorable a la elite vencedora y lo impusieron.

- Historia Social.
A mediados de la década del ’50 un grupo de cientistas sociales de diferentes disciplinas (historia, sociología, economía) inician una renovación de la historiografía argentina en dos aspectos: enfoque interdisciplinario para actualizar los estudios históricos y construcción de un perfil profesional competitivo (crean centros de Investigación el Instituto Di Tella y el IDES Instituto de Desarrollo Económico Social; publican revistas especializadas y dos compilaciones “Argentina Sociedad de Masas” (1965) y “Los Fragmentos del Poder” (1968). Dejan el discurso narrativo por el analítico; desaparece el discurso polémico; abandonan la historia de hechos (acontecimental) por la historia de procesos, los protagonistas individuales por el colectivo social. Hacen historia política buscando explicaciones desde la historia económica y social. Es la historiografía académica actual, se hace desde la universidad.
Los iniciadores de esta corriente fueron José Luis Romero y Gino Germani. Otros representantes: Alberto Ciria, Guido Di Tella, Tulio Halperín Donghi, Roberto Cortés Conde, Aldo Ferrer.Según N. Galasso, con el golpe militar de 1955 que sepultó al revisionismo y a sus representantes, la Historia Oficial se recicló rebautizándose como HISTORIA SOCIAL, que incorporó criterios y técnicas actualizadas en un cambio cosmético. Lo confirma uno de sus principales ideólogos, T.Halperín Donghi, al afirmar (en “Ensayos de historiografía”) que esta corriente se proponía “ilustrar y enriquecer pero cuidando de no poner en crisis a la línea tradicional”.

Ejemplo de una argumentación historiográfica:

Juan Manuel de Rosas, teniendo en cuenta las distintas corrientes historiográficas, fue:

- un tirano que gobernó mediante métodos despóticos, instaurando un régimen de terror e intolerancia política, responsable de numerosos asesinatos políticos, el gobernante que obstaculizó el arreglo constitucional del país;

- un hacendado y agricultor progresista, un líder aclamado por los sectores más pobres de la población, un gobernante sagaz que supo comprender la necesidad de pacificar el país antes de organizarlo constitucionalmente, un defensor de la soberanía nacional frente a las agresiones de las potencias europeas más poderosas.
Resulta muy interesante que historiadores académicos actuales (quiero decir con formación disciplinar y metodológica), en nuevos análisis de este personaje y período histórico, llegan a conclusiones similares a una u otra versión. Es que la historia es siempre una versión, una interpretación, y como dice José Pablo Feinmann:
“Hay tantas interpretaciones de nuestro pasado histórico como proyectos políticos en vigencia coexisten en nuestro presente.” 

 historiograficas que caracterizan a la historia nacional.

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